EL PROFESOR EJEMPLAR

Un hombre cabal, honesto, pacífico... Quiso defender a una maltratada y acabó en coma por los golpes que le propinó el agresor, hijo problemático de un millonario y adicto a la cocaína. La mujer a la que el profesor Neira defendió ni le dio las gracias. Ella ya tuvo un ex novio, policía, que le pegaba. A él sí lo denunció

Volvíamos de ver a mi abuela. Está muy mayor». A sus 13 años, Alejandro vio cómo su padre y casi dos metros de estatura era derribado de un golpe. Tímidamente, este niño de aspecto angelical, cuya altura física -y moral- apunta a la de su progenitor, relata lo que ocurrió el fatídico día en que Jesús Neira, de 55 años, salvó de los golpes de su agresor a una maltratada, y atrajo para sí la furia de la violencia de género. «De camino, decidimos parar a tomar una Coca Cola en un hotel que hay al lado de una gasolinera. Y cuando íbamos hacia la cafetería, vimos a un señor que estaba pegando a una chica. Mi padre le dijo: "¿Qué estás haciendo? ¿Cómo te atreves a golpear a una mujer?". Y le avisó de que iba a llamar a la policía. Entonces, aquel hombre le gritó que no era asunto suyo».

Alejandro hace una pausa antes de continuar su relato. Son las 20.30 horas del 12 de agosto, y Jesús lleva seis días ingresado en la UCI del hospital Puerta de Hierro de Madrid con un coma inducido. Alejandro sabe que tuvieron que operarlo por un derrame cerebral, también que tiene los pulmones encharcados; pero, al igual que su hermano gemelo Daniel, no se pierde ni una sola visita. «Hoy está un poco peor», informa Isabel, la esposa de Neira, con voz firme y clara delante de sus hijos.

Al recordar, el miedo asoma de nuevo en el azul de los ojos de Alejandro. Cuando se encaminaban a la recepción del hotel, parecía que ya había acabado todo. Que, como había dicho su padre, llamarían a la policía y los agentes se llevarían a aquel señor. Pero no fue así. El hombre salió corriendo tras ellos. «Golpeó a mi padre muy fuerte en la cabeza. Mi padre cayó al suelo y él siguió pegándole hasta que lo pararon los del hotel».

Alejandro se había quedado paralizado. Se le puede ver en el vídeo que grabó la cámara del Hotel Majadahonda. Cuando se supo que una televisión iba a emitirlo, la familia de Neira puso una denuncia ante la Fiscalía del Menor y el Juzgado número 4 de Alcobendas. La difusión del vídeo íntegro «supone una intromisión en la intimidad del menor y de la víctima», asegura Javier Castro, abogado de la familia y amigo de Jesús, que lleva el caso junto a su compañero Ricardo Ruiz de la Serna. Finalmente, el reportaje no incluyó el fragmento en el que aparece el niño.

No lo dice, pero se nota que a Alejandro le hubiera gustado poder salvar a su padre de aquella paliza. El les había enseñado a su hermano y a él que si algún chico ponía una sola mano encima a una chica en el colegio, debía hacer algo: avisar a un profesor, tratar de detenerle... Su padre acababa de actuar exactamente como predicaba.

Pero ¿quién es este héroe por accidente, postrado, en coma, que tiene a España entera en vilo? Con sus casi dos metros de altura -«los pies se le salen de la cama del hospital», apunta Isabel-, este profesor de universidad, caballero a la vieja usanza y defensor de las causas justas, se vio envuelto en un triángulo fatal. Con Violeta S.P., una mujer de 32 años, que tiende a acercarse a hombres violentos. Con Antonio Puerta, un madrileño de 44 años, toxicómano bebido y algo esquizofrénico, que la agrede al malinterpretar la llamada que le hace una amiga. Y él, claro, Jesús Neira, el profesor que sale a la defensa de la maltratada movido por sus principios, por encima de su propia seguridad.

No es la primera vez su nombre aparecía en las páginas de actualidad. Hace menos de un mes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que el Supremo español no fue imparcial cuando condenó al juez Gómez de Liaño por el caso Sogecable, y Neira había formado parte activa en este caso como testigo. Después de que Gómez de Liaño imputara por estafa a Polanco y a Juan Luis Cebrián, éste recusó al juez por «enemistad manifiesta». La instrucción del incidente correspondió a Baltasar Garzón. Pero Neira le recordó que debía inhibirse, pues había tenido acceso a información del caso por vías extrajudiciales y, en presencia del propio Neira, había llegado a decir: «Le voy a freír los huevos a Javier». Finalmente, Garzón desistió y la instrucción pasó a manos de otro juez de la Audiencia Nacional. Poco después, Joaquín Navarro, también testigo en el caso, escribió un artículo en el EL MUNDO, en el que calificaba a Neira, por su postura en el entuerto, de «caballero a carta cabal». Estos días, tanto Garzón como Liaño se han interesado por su salud.

UN IDEALISTA

Mientras yace, todo han hablado de él. «Es un verdadero caballero», asegura Juana Gómez, Gin, secretaria académica de la facultad de Derecho de la Universidad Camilo José Cela, donde Neira da Teoría del Estado. «Es de los que se ponen en pie cuando una señora se levanta de la mesa, te abre la puerta del coche, te sirve bebida en cuanto miras el vaso...». Isabel, su esposa, dice más: «Me trata como una verdadera reina».

«Un idealista», coinciden sus antiguos alumnos. El citado juez Javier Gómez de Liaño, a quien conoció por los años 90, lo recuerda como un hombre estudioso, «con una cabeza muy despejada. Y un padre amoroso que no paraba de hablar de sus gemelos, entonces recién nacidos». Y Rafael González Rojas, con quien trabajó en Ya, asegura que se trata de un hombre con una vasta cultura «de espíritu caballeresco, trato sencillo y modales corteses».

Aunque nació en Granada, en algunas cosas Jesús Neira es muy gallego. «No aguanta el calor, prefiere mil veces un día frío», asegura Gin. «Si logré que se pusiera la toga en pleno junio para la licenciatura -«algo que no había hecho en su vida», comenta su mujer, Isabel Cepeda- fue porque siempre está dispuesto a todo, nunca pone una pega. En cambio, yo lo veía ahí, en la explanada del campus bajo el sol del verano... Estaba muerto de calor», recuerda Gin. «Su familia es de Ferrol», explica Isabel. «Pertenecen a la Marina y los destinaron a Granada, por eso Jesús nació allí. Y allí vivió hasta los 14 años, cuando se trasladaron a Madrid. Luego, pasó muchos veranos en el sur».

En las licenciaturas de junio pasado en la Camilo José Cela, proporcionó más de una anécdota. Como el resto de profesores entogados, Neira se tuvo que medir la cabeza para pedir un birrete de su talla. «Exactamente 54 centímetros», le dijo Jesús a Gin. «Yo le respondí que eso era imposible», dice Gin luchando por no caer en la melancolía -«Jesús todavía está vivo», se dice-. «Le advertí que, en ese caso, tendría menos contorno de cabeza que algunas profesoras... Pero él insistió y me salió del alma: "Pues la tienes muy pequeña"». «Cuando colgó el teléfono», completa Isabel, «me dijo muerto de risa: "Mi jefa dice que la tengo pequeña"».

Isabel y Jesús, que se llevan 14 años se conocieron en la universidad. El era profesor de Teoría del Estado y ella, estudiante de Economía, carrera por la que se doctoró. «Siempre se ha dedicado a estudiar política», explica Isabel. «Es doctor en Derecho y premio extraordinario en 1989 por su tesis El discurso prefascista en Antonio Goicoechea (antecesor de Primo de Rivera) en la Complutense. Fuimos coincidiendo y, luego, como suele ocurrir en los inicios de una relación, hacíamos por coincidir...», sonríe. Jesús tenía una hija de un matrimonio anterior: Laura, que hoy tiene 18 años. «Trabaja fuera», explica Javier Castro. «Por eso, no puede venir al hospital. Y eso hace que lo esté pasando aún peor. Cuando vio las imágenes de la agresión, no paró de llorar».

Miércoles 13 de agosto, 21.00 horas. Isabel, la esposa, lleva desde las 9 de la mañana en el hospital. Sólo puede entrar en la habitación de Jesús de 19.00 a 20.00 horas, pero no se separa de su marido. Es profesora de Historia Económica en la Universidad Rey Juan Carlos, pero estos días está de vacaciones. Eso facilita las cosas: «Ahora que no sabemos qué va a pasar», musita, «necesito estar aquí, a su lado. Quiero estar cerca de él todo el tiempo que sea posible. Además, me lo puedo permitir porque estoy de vacaciones».

Y no sólo atiende a su familia. Con una entereza sobrecogedora, recibe a los amigos, a las visitas oficiales -Soledad Mestre, delegada de Gobierno; Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid; Bibiana Aído, ministra de Igualdad; Rafael Cortés Elvira, rector de la Camilo José Cela; Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación...- y a las decenas de medios de comunicación. Responde gentilmente cuando se interesan por la salud de Jesús o si piden su opinión sobre lo sucedido. Pero si una pregunta no le gusta, frunce el ceño sobre su mirada inteligente, y amable, aunque tajante, inquiere: «Eso, si no te importa...».

Hoy, Jesús y su familia deberían estar descansando en Oropesa. «Nos costó convencerle para que pasáramos unos días en la playa», explica Isabel. «Estaba terminando un libro y quería acabarlo este verano, pues el ajetreo de final de curso no le había permitido dedicarle demasiado tiempo. Trata sobre lo políticamente incorrecto de la Transición». Jesús es un amante de la política, pero desde la teoría y el análisis.

«Nunca presentaría un proyecto político, él disfruta siendo un espectador y desestructurando el discurso político. Es algo más complejo de lo que parece: requiere de métodos informáticos y matemáticos...», asegura Isabel. Entre clase y clase, Neira ha colaborado con EL MUNDO, Diario 16, Ya, Abc, entre otros.

UNA CUCARACHA

Pero el 2 de agosto Jesús Neira se cruzó con Antonio Puerta Ramón -«una cucaracha», dijo Jesús antes de entrar en coma- y ahora se debate entre la vida y la muerte. Podría haber pasado de largo. O podría haber llamado a la policía desde un lugar seguro y decir lo que había visto: Puerta había pegado a su pareja, Violeta S.P. «Porque la estaba pegando, ¿verdad, Alejandro? Tú que lo viste», pregunta Isabel a su hijo. «Sí». Y Jesús decidió intervenir.

No se sabe lo que habría ocurrido de no haberlo hecho. Violeta asegura que no habría sucedido nada grave. Ella, por su experiencia previa, piensa que sabe de lo que habla. No es la primera vez que un hombre le levanta la mano. Antes de Antonio, estuvo saliendo con un policía municipal al que denunció por malos tratos. «Mi hija no se calla ante esas cosas», asegura el padre de la agredida. «Ni yo lo permitiría. Si dice que es la primera vez que la pegaba, me lo creo. Y si no lo quiere denunciar es porque es toxicómano y necesita ayuda. La toxicomanía es una enfermedad», sentencia.

De hecho, según ha declarado el propio Antonio, hace años que consume cocaína. Pero los numerosos tratamientos de desintoxicación a los que se ha sometido -el último de ellos en la clínica Cazorla en Alicante- no le han servido para dejar las drogas. Es más, además de la cocaína y del alcohol, Antonio Puerta ha consumido ayahuasca, por su vinculación con varios grupos dedicados al consumo de esta planta alucinógena propia de la Amazonia.

«Pero los policías también pegan», asegura misterioso el padre de Violeta. Así es. El Tito, como conocen a la ex pareja de su hija, cumplió condena por malos tratos. Cuando salía con ella, además de policía, era monitor de kick-boxing y ahora trabaja en un céntrico gimnasio de Madrid. «La opinión pública le pide que denuncie a Antonio», señala el padre de Violeta, «pero ella ya ha prestado declaración. No hay que olvidar que es una víctima. De hecho, está en tratamiento psiquiátrico. Esto ha sido un gran golpe para ella. Y también un escarmiento. No sé si seguirá con Antonio después de esto».

RICO Y SIBARITA

Lo que pide la familia de Jesús, en cambio, es que agradezca la actuación del hombre que está en coma por defenderla. «Y estoy agradecida», dice ahora Violeta. «Ya en el primer juicio [en la vista por malos tratos que se celebró en el Juzgado de Violencia de Género de Aranjuez] nos acercamos la madre de Antonio y yo a darle las gracias por lo que había hecho... Sólo quiero que se ponga bien».

De aquella vista, Antonio quedó en libertad, aunque debía presentarse cada 15 días ante el juzgado. Después de dar cuatro domicilios falsos, regresó a Alicante. Según dicen los vecinos de una urbanización de San Juan, se pasaba el día entre la playa y la piscina. Le gustaba llevar un elevado tren de vida. Podía permitírselo. Su padre había fundado la cadena de talleres mecánicos y repuestos del automóvil Aurgi, una de las más importantes de España, donde Antonio trabajó un tiempo encargado del área de marketing. Cuando Antonio Puerta padre se jubiló, ya millonario, dejó los mandos de la empresa a sus hijos, Antonio y Luis, un año menor que él. La familia no tardó en vender. Fueron más de 15 millones.

Desde entonces, el agresor de Neira ha participado en diversos negocios: construcción naval, promoción inmobiliaria, construcción, salones de belleza... Pero sobre todo ha vivido la vida. Una copita de champán como aperitivo, restaurantes caros... Una vez al mes, su madre, María Luisa, lo visitaba en Alicante. Ella está separada del padre de Antonio y hace unos años que se trasladó a una pequeña localidad de 4.800 habitantes, a 20 kilómetros de la capital alicantina. Ahora tendrá que ir a verlo a la prisión de Soto del Real, donde puede pasar entre dos y 10 años, según como evolucione la salud del profesor Jesús Neira.

Jueves 14 de agosto, 21.00 horas. Parece que Jesús ha abierto los ojos. Ha reaccionado al oír su nombre. Le han bajado la sedación y respira por sí mismo. Pero hay que ser prudentes. Esto no significa nada: su estado de salud sigue siendo crítico. Muy crítico.

BRUTAL AGRESION.

Las imágenes grabadas por la cámara del Hotel Majadahonda, arriba, recogieron nítidamente el puñetazo que Antonio Puerta, a la derecha, propina a Jesús Neira, a la izquierda. El toxicómano provocó a Neira una lesión cerebral y un edema pulmonar. Puerta, madrileño de 44 años, es el hijo mayor del fundador de talleres Aurgi, un niño bien a quien nunca le faltó de nada. Desde hace unos años, residía en una urbanización de nueva construcción en San Juan, Alicante, y se pasaba los días entre la playa y la piscina. Eso, cuando no estaba ingresado en un centro de desintoxicación.